Swakop Beach, Namibia. Foto de Vernon Swanepoel en Flickr, CC BY 2.0

Swakop Beach, Namibia. Foto de Vernon Swanepoel en Flickr, CC BY 2.0

Aunque Sudáfrica, el miembro más reciente de los BRICS, suele llevarse gran parte de la atención por muy buenas razones, conviene también considerar las numerosas oportunidades que ofrecen los países vecinos de la zona, y específicamente del bloque SACU, la unión aduanera más antigua aún en existencia.

El compromiso de impulsar la integración regional, el desarrollo conjunto de sus miembros, además de los acuerdos suscritos con otros bloques estratégicos como Mercosur y AELC, y el objetivo de consolidar un gran mercado común africano en combinación con otras uniones regionales, son sólo algunas de las facetas por las que hay que contemplar el futuro de esta región.

Por un lado, además de los graves problemas de salud pública y desigualdades socioeconómicas que ponen en peligro los avances logrados, conviene recordar otras limitaciones impuestas por la asimetría en el desarrollo de las mayores economías del bloque frente a las más pequeñas, sistemas e infraestructuras deficientes, y una economía sumergida muy extensa; el gran tejido de pequeñas empresas y autónomos surge en gran medida como salida forzosa ante las altas tasas de paro.

Aún así, hay que decir que este panorama poco a poco cede ante pequeñas pero perceptibles mejoras en los niveles de vida, el auge de los puntos de venta formales, cuyas características y valor añadido se valoran cada vez más por los consumidores, e incremento del acceso a servicios financieros entre la población. Tampoco hay que olvidar otras ventajas significativas como una población muy joven y heterogénea, grandes riquezas naturales y un potencial turístico en alza.

La diversidad de las poblaciones de la zona, compuestas por segmentos demográficos muy distintos entre sí, es otro factor importante. Los gustos, costumbres, lenguas, hábitos de consumo y poder adquisitivo de la población blanca de raíz europea, los múltiples grupos étnicos que conforman la mayoría negra, la población coloured, y las comunidades de ascendencia asiática, muy notables en la actividad económica de la zona, plantean numerosas variables que conviene tener en cuenta.

Botsuana, una de las naciones con menor densidad de población en el mundo, puede presumir sin embargo ventajas tan destacables como una de las economías más vibrantes de África, una democracia notable por su solidez y estabilidad, e instituciones a la cabeza de los índices de transparencia mundiales, siendo catalogado como el país menos corrupto de África; estos datos, sin embargo, contrastan con el coste humano y económico del VIH/SIDA en una de las regiones más azotadas por esta epidemia.

Otra amenaza procede de las frecuentes sequías, que intensifican la desertización en grandes regiones del país, y ponen en peligro la agricultura y ganadería, tema prioritario para el gobierno que plantea oportunidades interesantes en suministro de soluciones e infraestructuras para la localización y obtención de agua subterránea, así como un mejor aprovechamiento de recursos hídricos.

La ganadería es otro sector clave, del que depende una gran cantidad de hogares para su subsistencia y poder adquisitivo, por lo que el cuidado de los animales es de especial interés para los consumidores locales.

Las mejoras logradas por la transición de Lesoto de una economía de subsistencia a un productor y exportador de materias primas y manufactura textil, empiezan a hacer mella en las severas desigualdades en una de las economías más pequeñas de la región, que poco a poco comienza a diversificar sus sectores; no obstante, el grueso de la actividad económica lo constituye aún la agricultura de subsistencia y el pastoreo.

El país es notable por su riqueza mineral y grandes recursos hídricos aprovechables para la agricultura y la producción hidroeléctrica – para el suministro local y la exportación –, sectores que han recibido un considerable influjo de inversión.

No obstante, Lesoto continúa siendo muy vulnerable a las dificultades financieras de sus socios comerciales del bloque. Una parte significativa de los ingresos de muchos hogares proviene de las remesas de trabajadores transfronterizos, que se desplazan a los centros industriales de Sudáfrica.

Namibia, al igual que su vecina Botsuana uno de los países del mundo con menor densidad de población en una gran extensión territorial, disfruta de una gran estabilidad interna y un entorno apto para la actividad empresarial.

Los recursos minerales y la gran industria de extracción, base de la economía, contrastan con las dificultades planteadas por el ecosistema desértico que abarca gran parte del país, cuyo impacto se deja notar especialmente en el coste de la cesta básica, buena parte de la cual debe suministrarse mediante importaciones, especialmente tras sequías.

La riqueza de uranio del país, uno de los principales exportadores mundiales de este mineral, ha impulsado planes para la construcción de la primera central nuclear de Namibia, además de otros proyectos relacionados. Por otra parte, existe una significativa necesidad de infraestructuras de obtención y conservación de agua potable, y sistemas adecuados de saneamiento para gran parte de la población, especialmente en zonas urbanas pobres y áreas rurales.

La protección de la biodiversidad local y sus hábitats es otra prioridad para el gobierno, siendo una de las fuentes principales de ingresos y empleo, mediante una estructura de gestión controlada por las comunidades locales; esto ofrece oportunidades para la industria de ecoturismo y tecnologías para la explotación sostenible de recursos naturales y agropecuarios

Soluciones similares para la ganadería y la producción cárnica, la pesca y piscifactoría y las manufacturas locales también presentan oportunidades interesantes; cabe destacar que uno de los objetivos de la economía namibia es reducir su excesiva dependencia del comercio con Sudáfrica, su principal socio.

A pesar de la ralentización del crecimiento económico de Sudáfrica, el peso pesado de la economía del continente y puerta de entrada a otros mercados de la zona mantiene un lugar principal, gracias a una economía diversa e instituciones financieras, legales y de telecomunicaciones bien desarrolladas; además de su significativo papel en el comercio mundial de recursos y de metales preciosos, y como centro regional de la industria agropecuaria, alimentaria y automotriz.

No obstante, numerosos problemas originados en el sistema apartheid sumados a otros de origen más reciente, obstaculizan la eficiencia económica y la creación de empleo. La elevada inseguridad ciudadana amenaza el gran potencial del turismo y otros servicios, que conforman el sector que más personas emplea de la economía sudafricana, mientras que la alta tasa de paro, especialmente entre la población negra y los jóvenes, y recientes estallidos de agitación y descontento laboral preocupan a las empresas locales y extranjeras.

El crecimiento económico del reino de Suazilandia se muestra bastante más modesto que el de sus vecinos regionales, y se ve muy expuesto a los vaivenes de la economía sudafricana, su mayor socio comercial con mucha diferencia frente a otros como los EEUU y la UE.

No obstante, el país destaca por su producción agrícola y alimentaria, silvicultura y en especial por su producción azucarera, una de las más importantes del continente y mayor fuente de ingresos por exportación del país; la explotación comercial agrícola en general es muy notable, al igual que la manufactura textil, y el potencial turístico del país. En contraste, la mayor parte de la población obtiene sus ingresos de la agricultura de subsistencia, manteniéndose así grandes desigualdades de renta.


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