Comunidad de África Oriental

Nairobi City Centre. Foto de Ninara en Flickr, CC BY 2.0.

La comunidad económica formada por Burundi, Kenia, Ruanda, Tanzania y Uganda se proyecta como enclave de interés para empresas e inversores en los próximos años, no obstante los formidables retos que enfrenta: sistemas burocráticos desorganizados y afectados por la corrupción, limitadas garantías legales a empresarios e inversores, focos de inestabilidad política, tensiones étnicas y socioeconómicas, serias violaciones de los derechos civiles y humanos, y gran vulnerabilidad a los embates de la economía mundial, siendo las materias primas agrícolas el principal motor de la actividad económica de la región.

El contrapeso a este panorama lo aporta una población joven y vivaz, cada vez más conectada y mejor preparada para sacar partido de sus fortalezas y recursos, índices de crecimiento muy alentadores, y el aumento del número de hogares que dejan atrás la pobreza y se sitúan en niveles medios de ingresos; las desigualdades en la distribución de la riqueza, aún muy profundas, tienden a decrecer, y la solidificación de lazos comerciales en la región arroja como resultado un mercado interno de más de 145 millones de consumidores, proyectándose significativas inversiones en ampliación y mejora de las redes de transporte, logística y comunicaciones de cara al futuro.

Se espera que la membresía en la CAO de Burundi, el país más pequeño y pobre de la región, suponga un impulso en su economía y contribuya a subsanar las graves carencias en infraestructuras, estimular la producción industrial y minera, e ir reduciendo su dependencia de la ayuda exterior. Actualmente, los ingresos del país dependen principalmente de la agricultura, que emplea a casi el 90% de la fuerza laboral del país, lo cual hace que su economía sea muy vulnerable a las condiciones climáticas y los precios de las materias primas.

Esta situación se ve agravada por problemas de inestabilidad heredados de la reciente guerra étnica, que desplazó a gran parte de la población, y empujó a muchos a refugiarse en los países vecinos; además el país, uno de los mas pobres del mundo, enfrenta un serio problema de sobrepoblación descontrolada, que se deja sentir en agudas tasas de malnutrición, hambre y desescolarización.

Por otra parte, en el extremo opuesto, Kenia consolida su posición como centro neurálgico de la economía y actividad comercial de la región, gracias a una red de infraestructuras relativamente buena, y un entorno favorable a la actividad empresarial; el país cuenta con una gran población de talento joven y con experiencia digital, en gran parte producto de sus dinámicos sectores de telecomunicaciones, finanzas y transporte. No obstante, esta ventaja se ve lastrada por una altísima tasa de paro que obliga a muchos a emigrar; una parte considerable de los ingresos del país lo conforman remesas enviadas por trabajadores transfronterizos.

Ante este panorama, otra gran parte de la población opta por el autoempleo y la creación de microempresas y PyMEs, la mayoría de las cuales pertenece al sector informal; por ello, existe un número de iniciativas públicas y privadas que, o bien intentan estimular la inclusión en la economía formal mediante el acceso a créditos y recursos para la expansión, o bien han sabido capitalizar las necesidades de estas pequeñas empresas, ofreciendo alternativas a la bancarización y soluciones adaptadas a sus actividades; como ejemplo más destacado, el éxito de servicios de e-wallets y microfinanzas por vía móvil que germinaron en Kenia, pasando desde allí a otros países de la región.

El crecimiento de los principales sectores de la economía keniata aparte de la agricultura (mayor sector y principal empleador), es decir, el turismo, producción industrial de alimentos y pequeños artículos de consumo, se ve complicado por deficiencias del suministro eléctrico, particularmente ante la expansión de las actividades económicas y del desplazamiento de la población rural a centros urbanos, razón por la cual el país se ha puesto como objetivo fomentar la inversión en energía geotérmica e hidroeléctrica.

Aunque aún muy dependiente de los ingresos de la producción agrícola, el mayor sector de la economía y comercio exterior del país, Ruanda se encamina hacia una diversificación de sus sectores productivos, con el turismo y el comercio de bienes y servicios como actividades destacadas; su crecimiento económico, uno de los más rápidos de la región, ha logrado reducir significativamente la tasa de población por debajo de la línea de pobreza, aunque esta sigue siendo muy considerable. El país también ha logrado significativos progresos en su infraestructura eléctrica; dada la gran riqueza en recursos hídricos, la energía hidráulica se proyecta como sector de crecimiento.

Por otra parte, la creciente producción minera se ha visto salpicada por alegaciones de re-exportación de minerales de conflicto procedentes de países vecinos. Además, varios sectores de la sociedad y observadores internacionales critican la excesiva vigilancia de los organismos de gobierno sobre las libertades civiles, censura y represión a aquellos elementos considerados potencialmente desestabilizadores. No obstante, es indudable que la estable situación política y social actual es una de las claves tras el surgimiento del país como entorno propicio para la inversión y la actividad empresarial.

La agricultura, principal pilar de la economía y exportaciones de Tanzania, poco a poco cede terreno ante la producción industrial, a pesar de las dificultades causadas por las graves carencias del suministro eléctrico, que también obstaculizan el significativo potencial turístico del país, principalmente en la región semiautónoma de Zanzíbar.

Por otra parte, la liberalización de la economía, la gestión fiscal con miras a fomentar la estabilidad macroeconómica, y la actividad e inversiones en telecomunicaciones, construcción, manufactura y servicios han contribuido a un crecimiento promedio del 7% en los tres últimos años. Sin embargo, la brecha de la distribución de la riqueza continúa siendo uno de los mayores lastres a pesar de su gradual disminución: actualmente, alrededor de un tercio de la población continúa viviendo por debajo de la línea de pobreza.

De Uganda cabe destacar el aprovechamiento de su riqueza en recursos naturales (principalmente terreno agrario y minerales) y su trayectoria de crecimiento en los últimos años, impulsado principalmente por el proceso de estabilización política y social, inversiones públicas en infraestructuras, incremento del consumo interno, e impulso a la industria agrícola, principal fuente de ingresos por exportación del país.

Con todo, Uganda no escapa a los problemas sociales comunes a la zona, que ponen en peligro Con todo, Uganda no escapa a los problemas sociales comunes a la zona, que ponen en peligro los avances económicos y sociales obtenidos, como los logros en salud pública (el más notable, atajar con éxito la propagación del VIH/SIDA), reducción gradual de la pobreza, y la defensa de los derechos humanos y libertades civiles de la población, particularmente en lo que concierne al trabajo infantil, libertad de expresión y derechos GLTB.


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