Desierto de Erg Chebi. Foto de Pablo Cantero. Todos los derechos reservados.

Desierto de Erg Chebi. Foto de Pablo Cantero. Todos los derechos reservados.

Si hay un lujo que no puede permitirse un Emprendedor Global, es quejarse de la cuesta de septiembre, y mucho menos que esta afecte a su productividad: no seas del rebaño de los quejicas, sólo mantén la vista en la meta, y concéntrate en reunir tu equipo para el camino. Aquí te ofrecemos algunos tips para ello:

Don’t worry, be happy: A riesgo de sonar como un manual para neohippies, el mal humor y la sensación de falta de control sobre las cosas que van surgiendo sí te restan productividad; nuestros cerebros están programados para rendir al máximo cuando estamos serenos y contentos, y eso no es posible cuando estás en modo apagafuegos desde que comienzas la jornada.

Haz todo lo posible por empezar tu día con buen pie: para empezar, desayuna bien, balanceado y sin noticias, que ya tendrás tiempo de verlas; todos sabemos que un entremés de multitasking con las comidas acaba por pasar factura.

Si tienes que hacerlo (muchas veces no hay más remedio que aprovechar los minutos al máximo), al menos no te alimentes con un concentrado en lata de malas noticias, es decir, la mayoría de la prensa y telediarios, cuyo fin verdadero es enganchar a una audiencia hambrienta de desgracias ajenas; no seas tú uno de ellos. En su lugar, aprovecha para leer publicaciones profesionales y ponerte al día con las tendencias en tu sector.

Todo es empezar: empieza bien, empieza mal, empieza como un/a novat@, pero empieza. Una vez que lo hagas, casi siempre vendrá lo demás solo.

Por ello, será mejor que evites los pozos de tiempo en los que muchas veces caes apenas empezar el día (como el email o el teléfono, aunque te suene a sacrilegio – ver siguiente apartado); para ello, te conviene hacerte con una rutina en la que no tengan sitio las distracciones: haz todo lo posible por no permitirlas durante la primera hora o así de trabajo: casi siempre esto encarrilará correctamente tu día.

Sé un animal de costumbres: para bien o para mal, a todos nos cuesta mucho romper con los hábitos, por lo que te convendrá establecer una rutina en la que no tengas más remedio que concentrarte en lo que estás haciendo.

Acostúmbrate a un horario de atención telefónica: en los momentos que no te venga bien atender el teléfono, que no te de reparo ponerlo en silencio y concentrarte en tu tarea: la finalidad de tenerlo es que te resulte una ayuda y un apoyo a TI y a tu productividad, no a la de quien llame; no seas otro esclavo del teléfono, ni mucho menos de los a su vez son esclavos de él.

Haz lo mismo con los emails y redes sociales: no les dediques la primera hora del día, y planifica un espacio de tiempo para ocuparte de ello; establece prioridades y no te salgas del horario. Si tienes que hacerlo, imponte la suficiente disciplina para obtener sólo el material o respuesta que estás esperando, y deja el resto de la bandeja para la hora del día que hayas apartado para ello.

Dirás: pero yo trabajo en casa y tengo familia, o mis compañeros y/o empleados dependen de mí, o una combinación de ambas cosas… ¡no me es posible aislarme de ellos! Lo sentimos, pero no hay peros que valgan: ordena tu tiempo para atender a tu gente y sus necesidades, pero informa a todos sobre tus horas de trabajo, y esfuérzate en poner límites para que las respeten. Tu respetas los suyos ¿no es cierto?

Esto va especialmente por los emprendedores que trabajan desde casa: aunque no tengas hijos a los que cuidar, es sorprendente la facilidad con la que familiares, amigos y vecinos se dejan caer para charlar o pedirte favores, ya que según ellos ‘no estás haciendo nada urgente‘.

Vamos por partes: desmenuza tu agenda. El primer problema que surge al hacer esto es esa voz interna que te berrea: ¡así no acabarás nunca! Cómo no acabarás nunca de verdad es apartándolo todo a un lado y poniéndote a hacer otra cosa, por el hastío y pereza que te produce empezar esa tarea grande y tediosa.

El fin justifica los medios: no dudes en hacer picadillo tu lista de tareas si con ello consigues comenzar a dominar los puntos clave de ella y encarrilar tu productividad. Como decíamos, todo es empezar.

¿Pero por que tengo yo que hacer ésto? Aquí tienes que buscar tu empujón, que normalmente no tiene nada que ver con cosas como ‘es que esto tengo que entregarlo el viernes’ ‘si no preparo esto nos atrasaremos todos’, etc.

No: por poco que nos guste admitirlo en público, la mayoría actuamos de manera mucho más rápida y eficaz cuando nos empujan motivos bastante más personales y con frecuencia menos civilizados, que nos sirven de acicate: cosas como ‘si entrego esto antes que X, mi competidor, le dejaré en evidencia’. Si te está costando afrontar una tarea, tómate un momento para buscar tu acicate, aunque sea tan ridículo e inadmisible como impresionar a Magda la de contabilidad.

Ten un plan B: muchas veces el miedo a fallar en una tarea es nuestro obstáculo más grande a la productividad. ¿Quién quiere perder su valioso tiempo cuando no hay garantías de la cosa salga bien? Por ello, procura buscar vías alternas para llegar a tus objetivos en caso de que encuentres obstáculos por donde vas.

Paliza al perfeccionismo: no hay nada perfecto – o más bien, no hay manera de hacer nada de modo tan perfecto que no exista alguien incapaz de criticarlo – esa voz interna de la que hablamos antes probablemente será la primera en hacerlo.

No pierdas tu tiempo haciendo caso a vocecitas dentro de tu cabeza; nunca llevan a buen fin a quienes lo hacen. Si te cuesta mucho concentrarte, es quizá el momento de hacer una pausa productiva: para ello levántate de la silla, haz flexiones, da una carrerita alrededor de la manzana o por las escaleras, ten unas mancuernas junto al escritorio o busca la manera de moverte que más te guste. El ejercicio, por breve que sea, es casi siempre la mejor manera de callarle la boca al estrés y las dudas; es como darle una pequeña paliza al perfeccionismo y al miedo a fracasar.

Otra manera de eliminar este factor paralizante es vivir en el presente. El pasado ya no está para cambiarlo, y el futuro no está aquí ni hay realmente garantías de que alguna vez llegue; pon las cosas en perspectiva y ocúpate de tu productividad en este preciso instante, no en los triunfos o traspiés anteriores, ni en lo que será (presumiblemente) el resultado final.

¿Cuales son tus trucos para ser más productiv@? Compártelos con otros Emprendedores Globales.


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