Cuando quedan semanas para finalizar 2018, analizamos lo que puede esperarse el año próximo para la economía mundial.

A pesar de unas condiciones financieras más estrictas en los EE.UU. y el posible empeoramiento de las tensiones comerciales, no es inminente una desaceleración cíclica.

Sin embargo, los días de expansión simultánea parece que se han terminado.

El crecimiento seguirá siendo fuerte en los EE. UU. y vigoroso en la zona euro tras una pérdida temporal de ímpetu, si bien todo apunta que va a retroceder en las economías emergentes.

La causa, una combinación de un dólar al alza, unas tasas de interés estadounidenses que suben, y los crecientes temores de proteccionismo.

Estados Unidos: un crecimiento económico rudo

El crecimiento en EE.UU. no muestra signos de desaceleración, impulsado por el consumo de los hogares y la inversión renovada, y también sobre-estimulado por un plan presupuestario que es tan sustancial como inapropiado.

Por muy maduro que sea el ciclo vigente, aún no ha alcanzado su punto máximo, ya que se ha visto impulsado por los recortes de impuestos en un momento en que la economía ya estaba funcionando a plena capacidad.

Los desequilibrios que generalmente anuncian el final de un ciclo todavía están por hacer acto de presencia.

La inflación está aumentando lentamente, aunque el crecimiento se sitúa por encima del potencial en 1,8-2%, y la tasa de desempleo en 3,8% (con un máximo de 10% en octubre de 2009), es más baja que su nivel de «equilibrio».

Según la Reserva Federal, una tasa de desempleo del 4,5% constituye el pleno empleo.

Sin embargo, la inflación está comenzando a acelerarse de manera más rápida.

Obviamente, la Reserva Federal está vigilando la situación y se esforzará por promover una desaceleración ordenada.

El ciclo de los EE. UU. se está desarrollando en un tiempo sorpresivamente largo y ya abarca 107 meses de crecimiento ininterrumpido, cercano a los registros de 106 y 119 meses al inicio de los años sesenta y noventa, respectivamente.

Si el crecimiento continúa hasta junio de 2019, el ciclo expansivo actual, que comenzó en junio de 2009, será el más largo jamás registrado.

Sin embargo, el ciclo pronto enfrentará un endurecimiento de las condiciones financieras.

Se enfrentará a un ajuste de la política monetaria, que probablemente elevará la tasa de los fondos federales por encima de su nivel ordinario, de un 2,9%, a finales de 2019.

La política monetaria restrictiva seguida de una curva de tasa de interés plana es un síntoma que se supone que señala un riesgo sustancial de recesión.

También habrá una caída mecánica en el crecimiento cuando se evapore el estímulo fiscal.

La contribución de la legislación presupuestaria al crecimiento, estimada en 0,8 y 0,6 puntos porcentuales en 2018 y 2019, respectivamente, parece que desaparecerá en 2020.

En este escenario, se pronostica el crecimiento de un 3% en 2018 y un 2,9% en 2019, y se espera que la tasa de crecimiento vuelva a descender por debajo del potencial en 2020.

2020 es el año en que vendrá la desaceleración cíclica y no se puede descartar una recesión en Estados Unidos.

La guerra comercial entre China y EEUU

Las dos mayores economías del mundo están en la antesala de un conflicto comercial que tendría consecuencias globales.

En función de que las tensiones aumenten y los aranceles e impuestos bilaterales avancen, esta lucha podría repercutir en el crecimiento del PIB mundial en torno a medio punto hasta 2020, según cálculos de Bloomberg Economics.

China en este caso es el rival más débil, por lo que hay argumentos sólidos para pensar que no le interesa un choque a gran escala.

Entre las razones que hay para descartar una guerra están que China está inmersa en un proceso de reducción de deuda y que está perdiendo influencia diplomática con los países vecinos.

Clima político en Europa y Brexit

A pesar de que el Banco Central prevé una mejora de los datos macroeconómicos en los próximos meses en la región, uno de los mayores frenos será la inestabilidad política en algunos de los principales países.

Un Gobierno impredecible en Italia, la pérdida de liderazgo de Angela Merkel en Alemania y la pendiente la negociación del Brexit entre Bruselas y Reino Unido, seguirá siendo una fuente de incertidumbre y novedades para los mercados.

Todas estas cuestiones pueden generar volatilidad a corto plazo y afectar a los activos, especialmente a los bonos italianos y a la libra.

A todo ello se suma que en España el Gobierno está en minoría y tiene carácter cuasi provisional, lo que le obligará a negociar con la oposición para sacar adelante reformas, el techo de gasto de 2019 y los Presupuestos Generales.

Además, en la Unión Europea están surgiendo grietas en lo que se refiere al proceso de integración.

Tras la cumbre europea de junio, diciembre se aventura como la próxima gran cita, pero resulta difícil adelantar si habrá nuevos o significativos pasos en relación a la integración europea.

En la zona euro, la desaceleración económica en el primer trimestre de 2018 ha generado una serie de cuestiones, a menudo respondidas de manera excesivamente pesimista, e incluso alarmista.

Sin embargo, el impacto, que puede reducirse a exportaciones relativamente lentas, no indica un final temprano del ciclo de crecimiento.

Por lo tanto, tras un crecimiento del 2,6% en 2017, la previsión de crecimiento se ve ligeramente reducida en 2018 a un 2,2% (2.0% para 2019), teniendo en cuenta el impacto en el primer trimestre y un entorno más arriesgado, aunque no existe un pronóstico de cambio cíclico hacia la recesión en Europa.

Europa aún no se ha visto verdaderamente afectada por los problemas en los Estados Unidos, que hasta ahora se han manifestado de forma financiera.

Sin embargo, el potente cóctel de un dólar al alza, el aumento de las tasas de interés en los EE. UU. y los crecientes temores de proteccionismo han aumentado la presión financiera sobre las economías emergentes.

Países emergentes: crecimiento ligeramente más lento, profundización de riesgos.

La mayoría de las monedas de los países emergentes han perdido terreno, ya que las tasas de interés se encuentran bajo una presión al alza y los diferenciales de crédito se amplían.

Aunque el crecimiento en general se ha mantenido bien en la mayoría de las economías emergentes, minimizando las presiones del mercado, en general está comenzando a disminuir.

Hay previsión de desaceleración muy gradual en los mercados emergentes: 4,6% en 2018 y 4,5% en 2019.


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